





Quique Sarzamora Sevilla, Spain, 1992
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Las obras de Quique Sarzamora surgen de un proceso meticuloso que comienza mucho antes de la primera pincelada. Para él, el lienzo es un espacio de exploración, donde la construcción de la base es tan importante como la aplicación del color. Su técnica implica la superposición y manipulación de pigmentos para revelar texturas ocultas y matices sutiles, creando campos de color que desafían la representación estática. Las superficies de sus piezas contienen huellas delicadas—marcas de afecto, tensión y sanación—que solo emergen a través de una observación cercana y una experiencia física. Sus obras no son solo imágenes, sino exploraciones táctiles de la profundidad, la memoria y la presencia.